“Mind Control” is now available as a print in my shop.
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si,pasa que no tengo internet en casa (pronto tendre) asi que aprovecho cada vez que puedo para actualizar y que los que pasen no se aburran de ver...
(via: gofuckingnuts)
El jueves 23 de Junio a las 20:45hs. daba su primer grito Inti Gabriel, mi hijo.
Hoy que lo tengo en brazos mientras escribo este mensaje, puedo decir que nada de lo que hice antes, y probablemente nada de lo que haga después, es tan importante y maravilloso como haberlo dado a luz.
Ahora tengo muchos más desafíos por delante, más cosas que aprender y hacer. No tengo miedo, tengo la certeza que él me va a ir mostrando el camino.
En resumen: soy feliz.
Significado de los nombres que elegimos:
Inti: de origen aymara (guiño, guiño), significa “que es audaz” y también es el nombre que le daban al Sol, deidad suprema para los Incas.
Gabriel: de origen hebreo, derivado de “gbr” (hombre fuerte y valiente)y “El” (Dios), su significado es “Aquel hombre fuerte y valiente de Dios” o “Aquel que es el varón de Dios”; algunos autores también lo definen como “Aquel hombre que ha sido fortalecido por Dios” o “Fuerza de Dios” o “el fuerte de Dios”. Considerado uno de los cuatro Ángeles más grandes dentro del judaísmo y en el siglo II dentro de la literatura cristiana posbíblica se lo nombra arcángel. Patrón de los mensajeros, funcionarios de correos, carteros, coleccionistas de sellos y telecomunicaciones e invocado contra la esterilidad conyugal.
Con la elección de éste nombre, completamos los arcángeles en mi familia.
Mensajes.
Hace 100 años, desde un iceberg errante en el Atlántico Norte le fue enviado un nítido mensaje de alarma al género humano. Era un mensaje que alertaba sobre las consecuencias del maquinismo ciego, de la soberbia colectiva, del afán por ser más y más y más poderoso, tan solo por la locura de ser el más grande, el más colosal, el más invencible…Nadie escuchó ese mensaje. De otro modo se hubiesen evitado las dos Guerras Mundiales que llevaron a la tumba a 50 millones de personas durante el siglo más cruel de la Historia de la Humanidad. Hoy, desde una isla cuyo nombre en japonés es Isla Bendita, nos llega otro mensaje, igualmente nítido, que previene al mundo sobre nuevas tragedias para el siglo XXI. Tragedias que quizá puedan ser aún mayores que las que asolaron al XX. Pero no solo no se está entendiendo el mensaje, sino que una legión de imbéciles mediáticos a sueldo de las multinacionales lo están interpretando justamente al revés. Nos dicen que es una prueba de la gran seguridad de la energía nuclear… Oh, Humanidad.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloiznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano (tomado de “El libro de los abrazos”)
Cuida tus pensamientos.
En internet, a través de páginas web, emails, powerpoints adjuntos, blogs, circula incansable una interesante idea expresada con estas palabras:
“Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; cuida tus palabras porque se volverán acciones; cuida tus acciones porque se volverán hábitos; cuida tus hábitos porque se convertirán en carácter; cuida tu carácter porque se convertirá en tu destino”.
Es un enunciado en el que encontramos muchos ecos, desde la sabiduría budista hasta los planteamientos actuales de coaching, visualización creativa y pensamiento positivo, que nos dicen que no somos sino aquello que pensamos.
En realidad, estamos ante una de las dos ideas clave de toda la inmensa literatura moderna de autoayuda, esto es, la noción de que nuestro pensamiento crea nuestra realidad (la otra idea clave sería la de que solo existe y solo debemos vivir en el presente, no en el pasado ni en el futuro).
¿Quién ha escrito estas palabras que se han abierto camino de forma tan poderosa en la Red?
La frase aparece en muchos lugares como anónima. En algunos sitios se atribuye a Gandhi. En otros a Ralph Waldo Emerson.
Hay varios libros (creo que uno es del popular entrenador de vendedores Zig Ziglar) que publican la frase citando como autor a Frank Outlaw, “director de cine”, según dicen. Pero este tal Outlaw es un personaje imaginario. Esto es muy divertido. Se diría que algunos ven mejor citar a un fantasma que dejar la idea como anónima. Y el que cita al tal Outlaw no se molesta en averiguar quién es el personaje. Tiene gracia.
En otros lugares señalan que la frase proviene de una tal Elizabeth C. que incorporó las palabras en un email dirigido a un grupo de afectados por lupus eritematoso.
En realidad, la frase es una modificación, mas o menos creativa, de una idea que aparece en el Dhammapada, la compilación de proverbios budistas cuya autoría atribuye la tradición al propio Buda.
De hecho, las primeras palabras del Dhammapada ya contienen la idea clave, que sintetiza la noción budista del “samskara”, es decir, la capacidad de nuestros pensamientos erróneos para bloquearnos kármicamente en pautas de conducta sobre las que podemos llegar a perder totalmente el control:
“Todo lo que somos es el resultado de lo que pensamos; está fundado en nuestros pensamientos, está hecho de nuestros pensamientos. Si un hombre habla o actúa con un mal pensamiento, el dolor le seguirá, porque la rueda sigue siempre el paso del buey que arrastra el carro.”
A partir de esta idea, (que la doctrina budista formaliza en la noción de la Trividha Dvara o “Triple Puerta”, esto es la relación pronfunda entre “los pensamientos, las palabras y las acciones”), alguien, no sabemos quien, ha elaborado la frase de referencia, que ha hecho enorme fortuna en la Red. Y la frase se ha abierto camino tal vez por su bella estructura rítmica y simétrica, que aporta un cierto sentido de fatalismo. Un fatalismo muy vinculado al pensamiento con el que se abre el Dhammapada.
Nuestro pensamiento es, al fin y al cabo, nuestro destino. Y lo es a través de nuestras palabras, a través de nuestras acciones, a través de nuestro hábitos…
Suena bien. Seguramente es cierto. O al menos tan cierto como tú pienses que lo sea.
Lo es, afirman unos, pues siempre es el hombre quien hace arrancar un automóvil o programa un ordenador. La técnica está sujeta incondicionalmente a su voluntad.
Por bien que suene, me temo que es una consideración superficial y hasta errónea. El hombre conecta y desconecta el ordenador, de acuerdo. Pero para que el ordenador funcione, el ser humano debe someterse a las leyes de aquél: tiene que hablar un lenguaje inteligible por la máquina, restringir sus deseos a los que puedan codificarse, reducir un problema a aquellos aspectos parciales que el programa “domine”. En suma: es la adaptación del hombre a un mundo artificial determinado por las características de los ordenadores. Cuando estos últimos fallan en la educación, cambiamos incluso el sistema pedagógico para que las máquinas se hagan cargo de la enseñanza.
En otras palabras: el hombre se programa en el sistema ordenador, y no el ordenador en el sistema hombre. Por lo tanto me temo que, en esta naciente y evolutiva era de la información, no sólo la técnica y la producción, sino la propia vida social, se irán sometiendo en forma de reflejos condicionados a la dinámica propia de la ciencia informática.
La microelectrónica crea y destruye puestos de trabajo. Mi criterio personal es que el efecto de ahorro de trabajo será el preponderante. En tal caso, o habrá cada vez más parados o los hombres trabajarán menos horas… o ambas cosas. En cualquier caso, los más afectados serán aquéllos que no son capaces, o no están dispuestos, a adaptarse a un aprendizaje permanente.
La enorme dimensión de la ocupación de tiempo con sistemas de pura técnica y el simultáneo abandono de las tareas humanas y sociales conduce al aislamiento y a la desorientación. La técnica del almacenamiento y del procesamiento de la información desemboca en una amenaza contra la intimidad. El poder del Estado crece a costa de la autonomía del individuo. Las leyes de confidencialidad de los datos, que se limitan al reconocimiento de los derechos individuales, no son adecuadas para lidiar con esa aberración del poder informativo. Por otra parte, la desigual distribución de los recursos internacionales favorece el establecimiento de nuevas estructuras de poder con tendencias cuasi-colonialistas.
Por último, el perfeccionamiento de la microelectrónica en el marco del complejo militar-industrial eleva el riesgo de una guerra mundial nuclear.
Aun cuando algunas de estas tesis fueran tenidas por desacertadas, cada uno de los problemas mencionados es bastante difícil de resolver. Además parece que el perfeccionamiento de la técnica de los ordenadores permite vislumbrar otros aspectos nuevos.
Más leo éste libro y más pienso que los peores miedos de mucha gente ya son realidad.
Ya saben que soy la orgullosa poseedora de una netbook, de nombre Zephyrus que es mi única herramienta de acceso al mundillo de la informática y de internet.
Lo ideal es que la netbook sea un auxiliar a nuestra computadora de escritorio, pero la realidad es que con la economía como está y con las prestaciones que tengo me sobra con mi Zephyrus.
Los poseedores de notebooks saben que luego de mucho tiempo de uso, se adquieren horribles hábitos de postura, derivados de tener la pantalla y el teclado unidos. Ni hablar si la pantalla y el teclado son pequeños.
Harta de verme a mi misma hecha una bolita sobre mi Zephyrus, hoy al fin hice una pequeña inversión: me compré un teclado.
Puse el teclado a una altura cómoda, y la netbook en un pequeño stand de cartón que hice siguiendo algunos ejemplos 1 - 2 que encontré en internet.
Mi espalda ahora está erguida, mis dedos y muñeca cómodos, mis ojos descansaron. Todo con un gasto de $30.
Un upgrade en mi calidad de vida con menos de un cuarto de lo que gasto en cualquier salida de fin de semana.
Los filósofos de la era de la información, los cibernéticos, creen poder explicar los procesos mentales por las estructuras informáticas. En este sentido, Martin Heidegger opinaba que no hacía falta ser profeta para adivinar que las distntias ciencias podrían ser determinadas y gobernadas por esa nueva ciencia fundamental que se llama cibernética.
Ya en 1958 escribían Herbert A. Simon y Alan Newell, investigadores norteamericanos de primera línea en el campo de la inteligencia artificial, que había máquinas en el mundo capaces de pensar, aprender e intervenir en la creación. Afirmaban además que su capacidad en estos campos estaba aumentando hasta que en un momento previsible el abanico de problemas que podrían tratar se solapara con aquellos reservados hasta ahora al pensamiento humano. Viktor Mijailovich Glushkov, director del instituto de cibernética de Kiev y premio Lenin, lo formula con la misma claridad:
“No existe en la práctica ningún límite a la aplicación de medios de automatización en las actividades mentales del hombre”.

Image by Ivan Walsh via Flickr
Con el traspaso completo del intelecto humano al ordenador, dice el cientifico sovietico, se transferirían también emociones, sentimientos, deseos e incluso conciencia de sí mismo y hasta el propio Yo. Mientras los hombres seguirían siendo mortales, los “Yo, ordenador” implantados en las máquinas podrían alcanzar casi la eternidad.
Para no dejar ningún resquicio al malentendido, hay que hacer saber que los autores de las citas anteriores no son en absoluto escritores de ciencia-ficción, sino investigadores serios.
Considero que estos propósitos de desarrollo y el hecho de que se mantengan son característicos de la demencia de nuestro tiempo. Por otra parte, se han investigado y se siguen investigando en la actualidad las diferencias básicas entre la mente y el ordenador. Aunque los procesos mentales se pueden imitar en las máquinas, no está claro si en esa comparación estamos refiriéndonos al cerebro o al pensamiento. Cuando es éste lo que cuenta, las comparaciones entre cerebro y ordenador carecen de sentido, puesto que suponen de hecho el pensamiento. Este último “Se fundamenta en sí mismo y sólo puede reducirse a sí mismo. La comparación con un ordenador es irreal desde este punto de vista y no puede realizarse” (B.I. Gut).
Con otros argumentos, los matemáticos llegan a conclusiones parecidas. Se refieren a la facultad de percepción de sí mismo. Supongamos que un ordenador poseyera dicha facultad. No sólo contemplaría su forma de ejecutar las operaciones elementales, sino que comprobaría también los resultados, y a continuación las modificaciones introducidas por éstos en la memoria. Autoobservarse implica supervisar en todo momento tales modificaciones. El ordenador tomaría muestras de las modificaciones de un registro de la estructura de datos y las almacenaría en el nivel siguiente. Las muestras recién depositadas deberían ser supervisadas en un nivel inmediatamente superior, etc. “Esto huele sospechosamente a una regresión indefinida: una jerarquía interminable de estructuras, cuyas variaciones en un nivel se supervisan en el nivel inmediato superior” (Douglas R. Hofstadter.)
Otro aspecto de esta discusión es el referente al clásico problema de la parada, planteado por la teoría de la calculabilidad: ¿Puede haber un programa de ordenador capaz de comprobar otros programas antes de su ejecución y de determinar con fiabilidad si incurre o no en situaciones cíclicas que les impiden detenerse? Los matemáticos Kurt Gödel y Alan Turing proporcionaron una demostración de que no es posible. Por lo tanto, parece que la percepción de sí mismo es una propiedad singular de la conciencia humana.
“Conócete a tí mismo”, ponía en la entrada del tiempo de Apolo en Delfos. ¿Nos sentimos todavía aludidos por ese lema en una época que nos exige pruebas materiales de todo y para todo? Citando una frase del físico inglés Sir Arthur Eddington:
“Hemos descubierto una huella singular en la orilla de lo desconocido. Hemos ideado profundas teorías, una tras otra, para explicar su origen. Por fin, hemos logrado reconstruir el ser de quien procede la huella. Y ha resultado ser la nuestra”.
Los párrafos arriba transcriptos describen con precisión nuestra actualidad, increible ver cómo las conjeturas se han ido cumpliendo, y sin embargo las mismas preguntas se repiten a casi 30 años de distancia… ¿Qué tan lejos llegaremos?
sm4rt replied to your post: Distribución del poder de la información.
Dicen que es mi enfermedad: prefiero el optimismo. Conozco los hechos y sé que racionalmente es lógico ser negativo con respecto a nuestro futuro. Pero me niego a creer que estamos condenados de antemano.
Puede que carezca de lógica, pero me gusta creer que el hombre tiene el mismo potencial para crear que para destruir, y que eventualmente va a dejar de ser la causa de su propia destrucción.