Es una recomendación-regalo de @maxi_quinteros por mi cumpleaños. Se agrega al wishlist ahora mismo.
Lo es, afirman unos, pues siempre es el hombre quien hace arrancar un automóvil o programa un ordenador. La técnica está sujeta incondicionalmente a su voluntad.
Por bien que suene, me temo que es una consideración superficial y hasta errónea. El hombre conecta y desconecta el ordenador, de acuerdo. Pero para que el ordenador funcione, el ser humano debe someterse a las leyes de aquél: tiene que hablar un lenguaje inteligible por la máquina, restringir sus deseos a los que puedan codificarse, reducir un problema a aquellos aspectos parciales que el programa “domine”. En suma: es la adaptación del hombre a un mundo artificial determinado por las características de los ordenadores. Cuando estos últimos fallan en la educación, cambiamos incluso el sistema pedagógico para que las máquinas se hagan cargo de la enseñanza.
En otras palabras: el hombre se programa en el sistema ordenador, y no el ordenador en el sistema hombre. Por lo tanto me temo que, en esta naciente y evolutiva era de la información, no sólo la técnica y la producción, sino la propia vida social, se irán sometiendo en forma de reflejos condicionados a la dinámica propia de la ciencia informática.
La microelectrónica crea y destruye puestos de trabajo. Mi criterio personal es que el efecto de ahorro de trabajo será el preponderante. En tal caso, o habrá cada vez más parados o los hombres trabajarán menos horas… o ambas cosas. En cualquier caso, los más afectados serán aquéllos que no son capaces, o no están dispuestos, a adaptarse a un aprendizaje permanente.
La enorme dimensión de la ocupación de tiempo con sistemas de pura técnica y el simultáneo abandono de las tareas humanas y sociales conduce al aislamiento y a la desorientación. La técnica del almacenamiento y del procesamiento de la información desemboca en una amenaza contra la intimidad. El poder del Estado crece a costa de la autonomía del individuo. Las leyes de confidencialidad de los datos, que se limitan al reconocimiento de los derechos individuales, no son adecuadas para lidiar con esa aberración del poder informativo. Por otra parte, la desigual distribución de los recursos internacionales favorece el establecimiento de nuevas estructuras de poder con tendencias cuasi-colonialistas.
Por último, el perfeccionamiento de la microelectrónica en el marco del complejo militar-industrial eleva el riesgo de una guerra mundial nuclear.
Aun cuando algunas de estas tesis fueran tenidas por desacertadas, cada uno de los problemas mencionados es bastante difícil de resolver. Además parece que el perfeccionamiento de la técnica de los ordenadores permite vislumbrar otros aspectos nuevos.
Más leo éste libro y más pienso que los peores miedos de mucha gente ya son realidad.
Ciudad sin sueño (Federico García Lorca) - Enrique Morente & Lagartija Nick
Musicalización del poema de Federico García Lorca en ritmo flamenco. Es una joya. Pertenece a un disco maravilloso llamado Omega, que entre otros puntos destacados, incluye una colaboración con Sonic Youth.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
Si algún día tengo una hija, ése será su nombre. ¿Por qué? Mis padres son del litoral argentino y de niña acostumbraban a contarme leyendas de origen guaraní. Ésta es una de mis favoritas.
lanca y roja es la flor del irupé. Blanca como la pureza, roja como la sangre. Así eran Morotí y Pitá, los amantes guaraníes. Morotí era la joven más hermosa de que se tuviera memoria. Todos los jóvenes de la tribu suspiraban por ella. Pero su corazón pertenecía a Pitá, el guerrero. Daba gusto verlos pasear por la tarde a la orilla del río. Pitá era el más fuerte y valiente de los jóvenes guaraníes, pero se sometía a los deseos de Morotí. Ella lo amaba, pero era coqueta y caprichosa, y se sentía complacida sabiéndose dueña de la voluntad del guerrero.
En uno de aquellos gozosos paseos por la ribera del Paraná que hacían junto a otros jóvenes, los vio Ñandé Yará, el Gran Espíritu de las Aguas. Ofendido por la coquetería de Morotí, decidió castigarla para que diese ejemplo a las otras jovencitas de la tribu, y le inspiró una idea de la que pronto se arrepentiría…

Morotí se quitó la pulsera que adornaba su brazo y la arrojó a las oscuras aguas. Luego le pidió a Pitá que la recuperara. Pitá no dudó un instante. Como guerrero guaraní era un nadador excelente. Zambullirse en las tranquilas aguas y recobrar la joya le llevaría unos segundos. No le importaba cumplir con el capricho de Morotí, cuando era tan sencillo de realizar. Tomándolo como un juego, se lanzó a buscar el brazalete en el punto donde se había hundido.
Morotí, orgullosa del dominio que tenía sobre su prometido, se lo hizo notar a sus amigos. Todos reían. Los guerreros, porque la prueba era sencilla, sin complicaciones, y Pitá regresaría en unos instantes con la joya. Las muchachas, porque admiraban la forma en que Pitá respondía sin pensar a los caprichos de su amada.
Pero Pitá no regresaba, y poco a poco las risas se transformaron en preocupación y luego en terror. Morotí comenzó a sentir remordimientos por su acto de vanidad. Si Pitá no volvía a la superficie, era por culpa de su estúpida idea. Pasados unos minutos se hizo evidente que el guerrero no volvería, que había encontrado la muerte en los remolinos del gran río, buscando en vano el brazalete de su novia.
Morotí no podía creer que la fuerza de Pitá se hubiera agotado luchando en la corriente. Debía estar retenido por la hechicera del río, I Cuñá Payé. Si era así, Pitá estaba preso en el fondo, en un palacio construido en oro y piedras preciosas, en una gran sala donde la bruja lo dominaba con su seducción.
Tan clara era esta imagen en la mente de Morotí, que sin vacilar se arrojó al agua, dispuesta a rescatarlo.
Si lo conseguía, borraría su culpa. Si caía ella también bajo el embrujo de I Cuñá Payé, al menos moriría junto a su amado…
Sus acompañantes no reaccionaron a tiempo para impedírselo. Se quedaron mirando, horrorizados, el lugar donde los amantes se habían hundido. Algunos corrieron al poblado a dar aviso de la tragedia. El gran hechicero de la tribu practicó un exorcismo sobre las aguas para vencer las fuerzas misteriosas que operaban allí. Pero pasó la noche, y el amanecer los encontró en la orilla llorando la muerte de sus amigos. Ya comenzaban a retirarse con tristeza, cuando vieron algo maravilloso subir a la superficie: una flor que se abrió ante sus ojos con un suspiro.
Era una flor fragante, de hojas redondas que flotaban sobre el agua, tan grandes que las aves y algunos mamíferos podían pararse sobre ellas sin hundirse. Los pétalos del centro eran de un blanco deslumbrante, como la pureza de Morotí, y los envolvían amorosamente unos pétalos rojos, como el corazón del valiente Pitá. Irupé, aquella flor, nacida del arrepentimiento y del amor, había sido creada por el dios Tupá como encarnación del alma de los enamorados.
Recopilación: Graciela Repun
uando Noé vio el cuerno que sobresalía de la espesa crin en la frente, no dudó ni un instante sobre la identidad del animal que pedía humildemente ser aceptado en el Arca ente la inminencia del Diluvio.
Jamás había visto a un unicornio, pero los libros antiguos lo describían como un animal más bien pequeño, semejante a una cabra y de carácter huidizo; con un un largo cuerno rematado en una afilada punta, perecido a ciertas especies de caracol no muy abundantes en estos días.
Image by PhOtOnQuAnTiQuE via Flickr
Cuenta la tradición que, finalizado el DIluvio y agotados los pájaros por el ir y venir a través de la tormenta y de la noche, Noé envió al unicornio a comprobar si había bajado el nivel de las aguas. El unicornio se arrojó a la oscuridad y al tocar el líquido comenzó a hundirse. Ante la cercanía de la muerte rogó a un dios por su vida. Este lo transformó en un narval, dejándolo conservar sólo el cuerno como memoria de un pasado que desaparecía en el océano del tiempo.
En las noches claras, cuando el viento romple el crepúsculo del auga en ondas oscuras, añora galopar bajo el vientre de una doncella desnuda con la luna como pecera de fondo.
A veces atraviesa a algunos bañistas con su afilado cuerno buscando a Noé desde tiempos remotos.

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.
Invictus - Wikipedia, the free encyclopedia gracias matiascb por el link ;-)
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti
(via popmodernidad)
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
—
fragmento “Los Amorosos”, Jaime Sabines
via cartasperdidas
touché