¡No te tengo Miedo!

Porque el miedo no hace más que paralizarnos, he aquí un lugar donde dejarlo de lado...

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Lo es, afirman unos, pues siempre es el hombre quien hace arrancar un automóvil o programa un ordenador. La técnica está sujeta incondicionalmente a su voluntad.

Por bien que suene, me temo que es una consideración superficial y hasta errónea. El hombre conecta y desconecta el ordenador, de acuerdo. Pero para que el ordenador funcione, el ser humano debe someterse a las leyes de aquél: tiene que hablar un lenguaje inteligible por la máquina, restringir sus deseos a los que puedan codificarse, reducir un problema a aquellos aspectos parciales que el programa “domine”. En suma: es la adaptación del hombre a un mundo artificial determinado por las características de los ordenadores. Cuando estos últimos fallan en la educación, cambiamos incluso el sistema pedagógico para que las máquinas se hagan cargo de la enseñanza.

En otras palabras: el hombre se programa en el sistema ordenador, y no el ordenador en el sistema hombre. Por lo tanto me temo que, en esta naciente y evolutiva era de la información, no sólo la técnica y la producción, sino la propia vida social, se irán sometiendo en forma de reflejos condicionados a la dinámica propia de la ciencia informática.

La microelectrónica crea y destruye puestos de trabajo. Mi criterio personal es que el efecto de ahorro de trabajo será el preponderante. En tal caso, o habrá cada vez más parados o los hombres trabajarán menos horas… o ambas cosas. En cualquier caso, los más afectados serán aquéllos que no son capaces, o no están dispuestos, a adaptarse a un aprendizaje permanente.

La enorme dimensión de la ocupación de tiempo con sistemas de pura técnica y el simultáneo abandono de las tareas humanas y sociales conduce al aislamiento y a la desorientación. La técnica del almacenamiento y del procesamiento de la información desemboca en una amenaza contra la intimidad. El poder del Estado crece a costa de la autonomía del individuo. Las leyes de confidencialidad de los datos, que se limitan al reconocimiento de los derechos individuales, no son adecuadas para lidiar con esa aberración del poder informativo. Por otra parte, la desigual distribución de los recursos internacionales favorece el establecimiento de nuevas estructuras de poder con tendencias cuasi-colonialistas.

Por último, el perfeccionamiento de la microelectrónica en el marco del complejo militar-industrial eleva el riesgo de una guerra mundial nuclear.

Aun cuando algunas de estas tesis fueran tenidas por desacertadas, cada uno de los problemas mencionados es bastante difícil de resolver. Además parece que el perfeccionamiento de la técnica de los ordenadores permite vislumbrar otros aspectos nuevos.

  • Microelectrónica: “Las computadoras y las nuevas tecnologías”, S. Gergely, Editorial Salvat año 1983

Más leo éste libro y más pienso que los peores miedos de mucha gente ya son realidad.

Los filósofos de la era de la información, los cibernéticos, creen poder explicar los procesos mentales por las estructuras informáticas. En este sentido, Martin Heidegger opinaba que no hacía falta ser profeta para adivinar que las distntias ciencias podrían ser determinadas y gobernadas por esa nueva ciencia fundamental que se llama cibernética.

Ya en 1958 escribían Herbert A. Simon y Alan Newell, investigadores norteamericanos de primera línea en el campo de la inteligencia artificial, que había máquinas en el mundo capaces de pensar, aprender e intervenir en la creación. Afirmaban además que su capacidad en estos campos estaba aumentando hasta que en un momento previsible el abanico de problemas que podrían tratar se solapara con aquellos reservados hasta ahora al pensamiento humano. Viktor Mijailovich Glushkov, director del instituto de cibernética de Kiev y premio Lenin, lo formula con la misma claridad:

“No existe en la práctica ningún límite a la aplicación de medios de automatización en las actividades mentales del hombre”.

IBM Cloud Computing
Image by Ivan Walsh via Flickr

Con el traspaso completo del intelecto humano al ordenador, dice el cientifico sovietico, se transferirían también emociones, sentimientos, deseos e incluso conciencia de sí mismo y hasta el propio Yo. Mientras los hombres seguirían siendo mortales, los “Yo, ordenador” implantados en las máquinas podrían alcanzar casi la eternidad.

Para no dejar ningún resquicio al malentendido, hay que hacer saber que los autores de las citas anteriores no son en absoluto escritores de ciencia-ficción, sino investigadores serios.

Considero que estos propósitos de desarrollo y el hecho de que se mantengan son característicos de la demencia de nuestro tiempo. Por otra parte, se han investigado y se siguen investigando en la actualidad las diferencias básicas entre la mente y el ordenador. Aunque los procesos mentales se pueden imitar en las máquinas, no está claro si en esa comparación estamos refiriéndonos al cerebro o al pensamiento. Cuando es éste lo que cuenta, las comparaciones entre cerebro y ordenador carecen de sentido, puesto que suponen de hecho el pensamiento. Este último “Se fundamenta en sí mismo y sólo puede reducirse a sí mismo. La comparación con un ordenador es irreal desde este punto de vista y no puede realizarse” (B.I. Gut).

Con otros argumentos, los matemáticos llegan a conclusiones parecidas. Se refieren a la facultad de percepción de sí mismo. Supongamos que un ordenador poseyera dicha facultad. No sólo contemplaría su forma de ejecutar las operaciones elementales, sino que comprobaría también los resultados, y a continuación las modificaciones introducidas por éstos en la memoria. Autoobservarse implica supervisar en todo momento tales modificaciones. El ordenador tomaría muestras de las modificaciones de un registro de la estructura de datos y las almacenaría en el nivel siguiente. Las muestras recién depositadas deberían ser supervisadas en un nivel inmediatamente superior, etc. “Esto huele sospechosamente a una regresión indefinida: una jerarquía interminable de estructuras, cuyas variaciones en un nivel se supervisan en el nivel inmediato superior” (Douglas R. Hofstadter.)

Otro aspecto de esta discusión es el referente al clásico problema de la parada, planteado por la teoría de la calculabilidad: ¿Puede haber un programa de ordenador capaz de comprobar otros programas antes de su ejecución y de determinar con fiabilidad si incurre o no en situaciones cíclicas que les impiden detenerse? Los matemáticos Kurt Gödel y Alan Turing proporcionaron una demostración de que no es posible. Por lo tanto, parece que la percepción de sí mismo es una propiedad singular de la conciencia humana.

“Conócete a tí mismo”, ponía en la entrada del tiempo de Apolo en Delfos. ¿Nos sentimos todavía aludidos por ese lema en una época que nos exige pruebas materiales de todo y para todo? Citando una frase del físico inglés Sir Arthur Eddington:

“Hemos descubierto una huella singular en la orilla de lo desconocido. Hemos ideado profundas teorías, una tras otra, para explicar su origen. Por fin, hemos logrado reconstruir el ser de quien procede la huella. Y ha resultado ser la nuestra”.

  • Microelectrónica: Las computadoras y las nuevas tecnologías. S. Gergely, E. Salvat, año 1983.

Los párrafos arriba transcriptos describen con precisión nuestra actualidad, increible ver cómo las conjeturas se han ido cumpliendo, y sin embargo las mismas preguntas se repiten a casi 30 años de distancia… ¿Qué tan lejos llegaremos?

George Orwell presenta en su novela futurista 1984 un cuadro sobre una sociedad totalmente controlada por unos pocos sabios. Cuando Orwell, después de la Segunda Guerra Mundial, escribió Utopía en forma de novela, pensó en poner fin a las ideas totalitarias que, según creía, se habían fijado en las cabezas de los intelectuales.

La realidad ha superado apliamente la técnica de la observación que Orwell describió. Aunque el Gran Hermano de entonces no pueda todavía estar presente por doquier, siempre es posible que llegue a estarlo. El tratamiento electrónico de datos es un potente motor para la bucrátización de nuestra sociedad y significa un aumento de poder para el Estado. Klaus Lenk, profesor de ciencias de la administracion de la Universidad de Oldenburg, considera inevitable esta tendencia. Si la administración burocrática se ocupara especialmente de cuestiones de economía y de seguridad social, extendería su campo de acción a todos los aspectos de la vida social, gracias a recursos técnico-invormativos. Lenk dice:

“El resultado final sería una administración perfecta, que controlaría y estructuraría totalmente el comportamiento humano”.

George Orwell nos presentó de forma drástica hacia dónde nos podía llevar la mala utilización de la técnica de la información. Hay que esperar que jamás se llegue a un país con control total. Ese futuro depende del comportamiento de cada ciudadano.

Resulta casi inevitabe una evolución que conduzca a una separación de la humanidad en dos campos: los sabios, que, como nuevos alquimistas, destilarían, de lenguajes programados, mágicas doctrinas secretas; y los ignorantes que adorarían a los miembros de la nueva elite como dioses digitales. Ahí queda el hecho de si se llegará a realizar la profecía de Nietzche sobre el ascenso del superhombre, o la visión de Soloviev del Anticristo. A pesar de las posibilidades que se nos ofrecen para aprender, nosotros, y más aún nuestros hijos, corremos el peligro de caer en una nueva Edad Media, en la que se utilizarían los ordenadores, pero no se entenderían; en la que, a nivel de economía y Estado, en los puestos de mando del poder se tomarían decisiones a puerta cerrada, de las que el infeliz mortal sabría tan poco como el siervo de la Edad Media sobre los acuerdos tomados por sus soberanos; en la que, en virtud de su saber, las castas dominantes manipulaban a su antojo al pueblo atemorizado, resultado de la ignorancia.

  • Microelectrónica: “Las computadoras y las nuevas tecnologías”, S. Gergely, Editorial Salvat año 1983

Resulta casi inevitable relacionar estos párrafos del siglo pasado con las noticias que todos los días enfrentamos: constantes intentos de censura, manipulación de la información, vanalización de los contenidos.

Y sobre los “dioses digitales”, ni hacen falta comentarios.

Lo cierto es que evitar el totalitarismo nuevamente está en nuestras manos, y no hacen falta grandes revoluciones, simplemente tenemos que ser inteligentes en nuestras decisiones diarias: qué leemos, qué escuchamos, qué compartimos. Somos dueños aún de nuestro futuro.