“Mind Control” is now available as a print in my shop.
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si,pasa que no tengo internet en casa (pronto tendre) asi que aprovecho cada vez que puedo para actualizar y que los que pasen no se aburran de ver...
(via: gofuckingnuts)
Hoy hice un viaje relampago a nuestros vecinos paraguayos. No puedo opinar mucho del paisaje puesto que estuve buena parte del tiempo dentro de mercaditos…
Si puedo contarles que estuve escuchando mucha radio y me gusta que hablen en guarani y español todo el tiempo. Son gente muy particular…
La foto es del puente Roque Gonzales, nuestro nexo de union. ¡La cola de espera ante la aduana era de casi 10 cuadras!
Ayer salimos con mis padres desde San Rafael con destino final Posadas-Misiones, 1780km en total por las rutas argentinas.
No puedo tomar muchas fotos porque buena parte del viaje lo hago al volante. Aquí una toma rápida pasando por San Luis. Me impactó el edificio de la nueva legislatura provincial, si tenemos tiempo a la vuelta trataré de mirarla de más cerca.
El tránsito está complicado, pero hasta ahora no me tocó ver ningún accidente y espero no tener que ser testigo de ninguno.
Espero contarles mas detalles pronto.
“Es curioso que los hechos de mayo de 1810, repetidos hasta el cansancio, estudiados minuciosamente por una legión de historiadores solventes, contengan aún tantos elementos misteriosos como ningún otro acontecimiento de nuestra historia, siendo en suma de muy difícil interpretación”
Miguel Ángel Scenna
Un poco de historia para refrescar nuestras ideas sobre qué es lo que hoy se está festejando. Tenemos que separarnos de una buena vez de la historia contada por BIlliken y Anteojito (pero qué lindos recuerdos).
de Lalo Mir (´Lalo Bla Bla´, Radio Mitre AM790, 14.11.05)

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es ´hola´ y la segunda ´¿unos mates?´.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide.. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme
cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ´¿Dulce o amargo?´. El otro responde: ´Como tomes vos´.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma..
O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores…
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena.
La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma
y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!´.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ´¿está caliente, no?´.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir ´gracias´, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
Otro argentino de los buenos que se muere, mientras quedan tantos malos
Era un gurrumín cuando me enamoré de la revista Primera Plana y llegué a coleccionar centenares de sus números en el garage de la casa de mi vieja en Olivos, que como solía suceder los tiró ante alguna mudanza.
En ese mìtico modelo de periodismo cuasiperfecto descollaban las notas de Ramiros de Casasbellas, de Osiris Troiani, pero sobretodo de Tomas Eloy Martínez jefe de redacción entre 1962 y 1969, todos conducidos por el contradictorio Jacobo Timmerman, tan interesado en la verdad como en el poder que la inventa.
Algunos de los mejores artículos de Tomás Eloy fueron compilados en una de las mejores colecciones en ensayo que aun conservamos como fue Lugar común la muerte. ¿Y qué decir de La pasión según Trelew una de las primeras radiografías literarias del horror que se amplificaría en 1976?
La Novela de Perón (1985), Santa Evita (1995) la novela argentina más traducida de todos los tiempos y El vuelo de la Reina (2002) Premio Alfaguara tienen todas su sello justo, dramático, contundente, inolvidable.
No hace mucho vivió la tragedia de la perdida de su esposa en un absurdo accidente en Princenton. Volviò a la Argentina ye enfermo, y me apenó mucho saber que no había buscado su premio a la Trayectoria en Clarin en Octubre pasado. Señal de que algo malo se estaba incubando
A los 75 años nos deja, otro grande que se van, mientras estamos infestados de tiburones y colgajos. Te extrañaremos Tomás.
Murió el periodista y escritor Tomás Eloy Martínez - lanacion.com
Si algún día tengo una hija, ése será su nombre. ¿Por qué? Mis padres son del litoral argentino y de niña acostumbraban a contarme leyendas de origen guaraní. Ésta es una de mis favoritas.
lanca y roja es la flor del irupé. Blanca como la pureza, roja como la sangre. Así eran Morotí y Pitá, los amantes guaraníes. Morotí era la joven más hermosa de que se tuviera memoria. Todos los jóvenes de la tribu suspiraban por ella. Pero su corazón pertenecía a Pitá, el guerrero. Daba gusto verlos pasear por la tarde a la orilla del río. Pitá era el más fuerte y valiente de los jóvenes guaraníes, pero se sometía a los deseos de Morotí. Ella lo amaba, pero era coqueta y caprichosa, y se sentía complacida sabiéndose dueña de la voluntad del guerrero.
En uno de aquellos gozosos paseos por la ribera del Paraná que hacían junto a otros jóvenes, los vio Ñandé Yará, el Gran Espíritu de las Aguas. Ofendido por la coquetería de Morotí, decidió castigarla para que diese ejemplo a las otras jovencitas de la tribu, y le inspiró una idea de la que pronto se arrepentiría…

Morotí se quitó la pulsera que adornaba su brazo y la arrojó a las oscuras aguas. Luego le pidió a Pitá que la recuperara. Pitá no dudó un instante. Como guerrero guaraní era un nadador excelente. Zambullirse en las tranquilas aguas y recobrar la joya le llevaría unos segundos. No le importaba cumplir con el capricho de Morotí, cuando era tan sencillo de realizar. Tomándolo como un juego, se lanzó a buscar el brazalete en el punto donde se había hundido.
Morotí, orgullosa del dominio que tenía sobre su prometido, se lo hizo notar a sus amigos. Todos reían. Los guerreros, porque la prueba era sencilla, sin complicaciones, y Pitá regresaría en unos instantes con la joya. Las muchachas, porque admiraban la forma en que Pitá respondía sin pensar a los caprichos de su amada.
Pero Pitá no regresaba, y poco a poco las risas se transformaron en preocupación y luego en terror. Morotí comenzó a sentir remordimientos por su acto de vanidad. Si Pitá no volvía a la superficie, era por culpa de su estúpida idea. Pasados unos minutos se hizo evidente que el guerrero no volvería, que había encontrado la muerte en los remolinos del gran río, buscando en vano el brazalete de su novia.
Morotí no podía creer que la fuerza de Pitá se hubiera agotado luchando en la corriente. Debía estar retenido por la hechicera del río, I Cuñá Payé. Si era así, Pitá estaba preso en el fondo, en un palacio construido en oro y piedras preciosas, en una gran sala donde la bruja lo dominaba con su seducción.
Tan clara era esta imagen en la mente de Morotí, que sin vacilar se arrojó al agua, dispuesta a rescatarlo.
Si lo conseguía, borraría su culpa. Si caía ella también bajo el embrujo de I Cuñá Payé, al menos moriría junto a su amado…
Sus acompañantes no reaccionaron a tiempo para impedírselo. Se quedaron mirando, horrorizados, el lugar donde los amantes se habían hundido. Algunos corrieron al poblado a dar aviso de la tragedia. El gran hechicero de la tribu practicó un exorcismo sobre las aguas para vencer las fuerzas misteriosas que operaban allí. Pero pasó la noche, y el amanecer los encontró en la orilla llorando la muerte de sus amigos. Ya comenzaban a retirarse con tristeza, cuando vieron algo maravilloso subir a la superficie: una flor que se abrió ante sus ojos con un suspiro.
Era una flor fragante, de hojas redondas que flotaban sobre el agua, tan grandes que las aves y algunos mamíferos podían pararse sobre ellas sin hundirse. Los pétalos del centro eran de un blanco deslumbrante, como la pureza de Morotí, y los envolvían amorosamente unos pétalos rojos, como el corazón del valiente Pitá. Irupé, aquella flor, nacida del arrepentimiento y del amor, había sido creada por el dios Tupá como encarnación del alma de los enamorados.
Recopilación: Graciela Repun