¡No te tengo Miedo!

Porque el miedo no hace más que paralizarnos, he aquí un lugar donde dejarlo de lado...

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Felipe Solá, un dirigente peronista que estuvo con todos como todos que estuvieron con todos, renunció a su banca en la cámara de diputados en representación del Frente para la Victoria para postularse a diputado por una banca en representación del Propanperonismo.

Algunos periodistas lo criticaron y lo pusieron en la misma bolsa que Scioli o los intendentes del conurbano que parece van a presentarse a elecciones para nunca asumir. Si bien Felipe no es mi político favorito, hay que reconocer su actitud. 

Dado el sistema electoral que tenemos, la injustamente denostada “lista sábana”, las bancas no son de las personas sino de los partidos. El mecanismo de selección de candidatos que van a componer las listas es una decisión privativa de los partidos políticos y no de los ciudadanos de a pie. Felipe Solá usurpó desde la polémica votación de la resolución 125 una banca que no le pertenece individualmente sino pertenece al partido político que ganó esa banca en este caso el Frente para La Victoria. Lo que hizo Felipe al anunciar su renuncia es reconocer que las bancas le pertenecen a los partidos políticos y a partir del momento en el cual el se aleja del Frente para la Victoria, tiene que dejar su banca y competir en representación de su nueva agrupación política.

El caso de Felipe Solá en la votación de la resolución 125 es el mismo que el de Borocotó. Felipe formaba parte de una agrupación política que decidió acompañar un proyecto de ley con el que el no estaba de acuerdo y decidió votar en contra. Borocotó hizo lo mismo. 

La actitud de Felipe Solá es muy rescatable, ojalá que haya cada vez más políticos que respeten el sistema de partidos de la Argentina que es el garante último de republicanismo y democracia.

Evidentemente denostar a los políticos a cualquier precio está de moda. —>leandro

Totalmente de acuerdo con vos. Yo tampoco soy fanática de Felipe Solá, pero me parece que con actitudes como ésta se demuestra que quizá no está todo perdido.

Me parece muy bueno además que aclares el punto de que el sistema actual de elecciones implica que las bancas son de los partidos y no de las personas. En alguna época eso era funcional, en la época en la que los partidos eran fuertes y tenían una plataforma electoral y de trabajo.
Entonces uno votaba al partido que mejor representara sus intereses, los apellidos eran poco importantes en ese esquema, ya que si una persona electa no votaba según dicha plataforma, el partido se encargaba de desplazarlo de su puesto. Hoy, con la vanalización de la política y del surgimiento de “divas”, hemos perdido los partidos y los proyectos. Sólo podemos pensar en personas que se transforman en “mesias salvadores”.

Yo sé que muchos dicen que el esquema de partidos ha muerto, pero es lo único que ha demostrado que funciona. Los personalismos no nos van a llevar a ninguna parte.