¡No te tengo Miedo!

Porque el miedo no hace más que paralizarnos, he aquí un lugar donde dejarlo de lado...

Podés averiguar un poco más acerca de mi, dejarme tu pregunta, o empezar a explorar lo que hay por estos lados:
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La mujer justa.
“Antes de convertirse en un maestro zen de incomparable prestigio, Haikan fue un joven de vida agitada y dado a los placeres.
Un día sus discípulos le preguntaron a Haikan por qué no se casó con alguna de las muchas mujeres que conoció. ¿Acaso no encontró a la mujer justa?
–Encontré a muchas mujeres admirables–explicó Haikan–. Por ejemplo, en Osaka, donde conocí a una mujer que era todo ternura y espiritualidad.
–¿Le faltaba algo?–preguntó un discípulo. 
–Sí. Le faltaba un poco de educación. Sólo eso. 
Años más tarde, en Kyoto–prosiguió el maestro– conocí a una joven que era educada hasta el extremo, llena de gracia y belleza. Insuperable en todos los sentidos.
–¿Entonces?–preguntó un discípulo.
–Era un tanto sombría de carácter. Tenía ese defecto.
–Nunca apareció por tanto la mujer justa–exclamó uno de los jóvenes que le escuchaban.
–Oh sí, respondió Haikan. Fue en Tokyo. Era realmente la mujer perfecta. Insuperable en todo. 
–¿Y por qué no te casaste con ella?-preguntó alguien.
–Bueno–replicó Haikan–ella no había encontrado todavía el hombre justo…” —> joludi

La mujer justa.

“Antes de convertirse en un maestro zen de incomparable prestigio, Haikan fue un joven de vida agitada y dado a los placeres.

Un día sus discípulos le preguntaron a Haikan por qué no se casó con alguna de las muchas mujeres que conoció. ¿Acaso no encontró a la mujer justa?

–Encontré a muchas mujeres admirables–explicó Haikan–. Por ejemplo, en Osaka, donde conocí a una mujer que era todo ternura y espiritualidad.

–¿Le faltaba algo?–preguntó un discípulo.

–Sí. Le faltaba un poco de educación. Sólo eso.

Años más tarde, en Kyoto–prosiguió el maestro– conocí a una joven que era educada hasta el extremo, llena de gracia y belleza. Insuperable en todos los sentidos.

–¿Entonces?–preguntó un discípulo.

–Era un tanto sombría de carácter. Tenía ese defecto.

–Nunca apareció por tanto la mujer justa–exclamó uno de los jóvenes que le escuchaban.

–Oh sí, respondió Haikan. Fue en Tokyo. Era realmente la mujer perfecta. Insuperable en todo.

–¿Y por qué no te casaste con ella?-preguntó alguien.

–Bueno–replicó Haikan–ella no había encontrado todavía el hombre justo…” —> joludi