¡No te tengo Miedo!

Porque el miedo no hace más que paralizarnos, he aquí un lugar donde dejarlo de lado...

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Los filósofos de la era de la información, los cibernéticos, creen poder explicar los procesos mentales por las estructuras informáticas. En este sentido, Martin Heidegger opinaba que no hacía falta ser profeta para adivinar que las distntias ciencias podrían ser determinadas y gobernadas por esa nueva ciencia fundamental que se llama cibernética.

Ya en 1958 escribían Herbert A. Simon y Alan Newell, investigadores norteamericanos de primera línea en el campo de la inteligencia artificial, que había máquinas en el mundo capaces de pensar, aprender e intervenir en la creación. Afirmaban además que su capacidad en estos campos estaba aumentando hasta que en un momento previsible el abanico de problemas que podrían tratar se solapara con aquellos reservados hasta ahora al pensamiento humano. Viktor Mijailovich Glushkov, director del instituto de cibernética de Kiev y premio Lenin, lo formula con la misma claridad:

“No existe en la práctica ningún límite a la aplicación de medios de automatización en las actividades mentales del hombre”.

IBM Cloud Computing
Image by Ivan Walsh via Flickr

Con el traspaso completo del intelecto humano al ordenador, dice el cientifico sovietico, se transferirían también emociones, sentimientos, deseos e incluso conciencia de sí mismo y hasta el propio Yo. Mientras los hombres seguirían siendo mortales, los “Yo, ordenador” implantados en las máquinas podrían alcanzar casi la eternidad.

Para no dejar ningún resquicio al malentendido, hay que hacer saber que los autores de las citas anteriores no son en absoluto escritores de ciencia-ficción, sino investigadores serios.

Considero que estos propósitos de desarrollo y el hecho de que se mantengan son característicos de la demencia de nuestro tiempo. Por otra parte, se han investigado y se siguen investigando en la actualidad las diferencias básicas entre la mente y el ordenador. Aunque los procesos mentales se pueden imitar en las máquinas, no está claro si en esa comparación estamos refiriéndonos al cerebro o al pensamiento. Cuando es éste lo que cuenta, las comparaciones entre cerebro y ordenador carecen de sentido, puesto que suponen de hecho el pensamiento. Este último “Se fundamenta en sí mismo y sólo puede reducirse a sí mismo. La comparación con un ordenador es irreal desde este punto de vista y no puede realizarse” (B.I. Gut).

Con otros argumentos, los matemáticos llegan a conclusiones parecidas. Se refieren a la facultad de percepción de sí mismo. Supongamos que un ordenador poseyera dicha facultad. No sólo contemplaría su forma de ejecutar las operaciones elementales, sino que comprobaría también los resultados, y a continuación las modificaciones introducidas por éstos en la memoria. Autoobservarse implica supervisar en todo momento tales modificaciones. El ordenador tomaría muestras de las modificaciones de un registro de la estructura de datos y las almacenaría en el nivel siguiente. Las muestras recién depositadas deberían ser supervisadas en un nivel inmediatamente superior, etc. “Esto huele sospechosamente a una regresión indefinida: una jerarquía interminable de estructuras, cuyas variaciones en un nivel se supervisan en el nivel inmediato superior” (Douglas R. Hofstadter.)

Otro aspecto de esta discusión es el referente al clásico problema de la parada, planteado por la teoría de la calculabilidad: ¿Puede haber un programa de ordenador capaz de comprobar otros programas antes de su ejecución y de determinar con fiabilidad si incurre o no en situaciones cíclicas que les impiden detenerse? Los matemáticos Kurt Gödel y Alan Turing proporcionaron una demostración de que no es posible. Por lo tanto, parece que la percepción de sí mismo es una propiedad singular de la conciencia humana.

“Conócete a tí mismo”, ponía en la entrada del tiempo de Apolo en Delfos. ¿Nos sentimos todavía aludidos por ese lema en una época que nos exige pruebas materiales de todo y para todo? Citando una frase del físico inglés Sir Arthur Eddington:

“Hemos descubierto una huella singular en la orilla de lo desconocido. Hemos ideado profundas teorías, una tras otra, para explicar su origen. Por fin, hemos logrado reconstruir el ser de quien procede la huella. Y ha resultado ser la nuestra”.

  • Microelectrónica: Las computadoras y las nuevas tecnologías. S. Gergely, E. Salvat, año 1983.

Los párrafos arriba transcriptos describen con precisión nuestra actualidad, increible ver cómo las conjeturas se han ido cumpliendo, y sin embargo las mismas preguntas se repiten a casi 30 años de distancia… ¿Qué tan lejos llegaremos?

  1. nttm posted this