¡No te tengo Miedo!

Porque el miedo no hace más que paralizarnos, he aquí un lugar donde dejarlo de lado...

Podés averiguar un poco más acerca de mi, dejarme tu pregunta, o empezar a explorar lo que hay por estos lados:
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Island hoppers island: Happy kidsImage by millzero.com via Flickr

Estamos presenciando una de las mayores crisis financieras de la historia mundial, y vemos cómo los paradigmas de la “no intervención estatal en el mercado” se cae a pedazos, cuando los gobiernos alrededor del mundo salen al rescate de los grandes bancos.

Sin embargo, ¿cuántas veces hemos visto esa predispocisión en la lucha contra la pobreza? y no hablo de que algún país en particular se encargue de la pobreza mundial (que bien podría hacerlo), hablo de que cada uno de los gobiernos al menos admitan la existencia del problema en sus propias calles.

Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), del segundo semestre de 2005, por aglomerados urbanos, puede saberse que de la población de menos de 14 años en el Gran Mendoza , el 47,5% de los menores son pobres y el 21,5% indigentes.

Ahora bien, ¿qué hacemos para cambiar esta realidad?

Lo más normal es culpar al otro, usualmente el gobierno, por no hacer nada más con los recursos que están destinados al bienestar social… ¿y nosotros? Dicen los sabios que la solución no está en dar de comer, sino en enseñar a obtener la comida.

Entonces miramos al sistema educativo y vemos cómo se cae a pedazos, porque nadie se ocupa de darle el lugar que los maestros merecen, porque los padres se hacen los distraidos cuando sus hijos le dan un cuchillazo a un compañero. No se enseña en valores, entre ellos el valor del trabajo. Así estamos creando más pobres: pobres de alma, que piensan que no hace falta trabajar para obtener lo que necesitan, que el que roba “la tiene clara” y el que trabaja es un don nadie.

Se enseña violencia, violencia del estado, violencia en las canchas, violencia en los hogares, violencia en la televisión, violencia en internet…

Que siempre ha habido pobres es una realidad, pero no es razón para no hacer nada al respecto. ¿Qué responsabilidad nos cabe? La primera conocer la realidad, la segunda no hacerse el distraido, la tercera tomar cartas en el asunto, cada quien en su medida y según sus posibilidades.

Para mí, lo más importante es educar en valores, enseñar con el ejemplo el valor del trabajo, de la solidaridad y el respeto.

Sólo así se producirán verdaderos cambios en el ámbito que nos rodea. Y no hablo del mundo, porque nuestro mundo es hoy nuestro hogar, nuestra familia, nuestro barrio, la ciudad, el país y luego el resto… no dejemos que por querer cambiar el mundo, nos olvidemos de nuestro hermano…