Érase un animal sangrante y dulce de rostros numerosos de cuyas heridas manaba la música y el sudor sangraba en sus deslices.
Cuántos adverbios y adjetivos atrapara su estela, la envolvente
Mala vida la suya mal sosiego su terquedad.
Oh instrumentos de viento donde se agitan los pezones aullados, ululados a la luz de una música china
galpones desfondados donde no halló resuello la virtud estambres desprolijos.
Érase y érase : galanes rubios arrastraron como estandarte su fulgor pisándole los flecos
Érase un animal atado y turbio de fervientes desdichas alimentado por el polvillo de los rubíes y el sonido de las colinas.
Néstor Perlongher