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si,pasa que no tengo internet en casa (pronto tendre) asi que aprovecho cada vez que puedo para actualizar y que los que pasen no se aburran de ver...
(via: gofuckingnuts)
Hoy vi unas fabulosas fotografías de baobabs (click en la imágen para descargar en una muy buena resolución) y no pude evitar recordar el maravilloso capítulo de “El Principito” dedicado a estos árboles.
Cuando era pequeña creía que esos árboles no existían en realidad, que eran pura fantasía. Figuren mi sorpresa cuando años después descubría que ni mi mayor esfuerzo imaginativo había creado tan hermosos árboles.
Lo he dicho antes, nuestro planeta contiene millones de maravillas y nosotros estamos tan empecinados en destruirlas…
Algunos datos sobre los baobabs:
Son llamados “árboles botellas” porque conservan grandes cantidades de agua en su interior, de forma similar a los cáctus.
Dicen que pueden vivir cientos de años, pero es algo muy difícil de comprobar ya que no generan los anillos anuales que tienen otros árboles, justamente porque su interior es puro agua.
Está en peligro de extinción pero eso ya no sorprende teniendo en cuenta la capacidad increible que tenemos los humanos de destruir todo lo que se nos ponga adelante.
Más info en la wikipedia
Cada día aprendía algo sobre el planeta, sobre la partida, sobre el viaje; muy pausadamente, al azar de las reflexiones. Es así como el tercer día conocí el drama de los baobabs.
Fue de nuevo gracias al cordero, porque bruscamente el principito me preguntó, como asaltado por una grave duda:
— Es bien seguro, verdad, que los corderos comen arbustos ?
— Si, es cierto.
— Ah! Me alegro.
No entendí por qué era tan importante que los corderos comiesen arbustos. Pero el principito agregó:
— Entonces comen también baobabs ?
Le hice notar al principito que los baobabs no son arbustos sino árboles grandes como iglesias y que aunque se llevara toda una manada de elefantes, la manada no acabaría ni con un solo baobab.
La idea de la manada de elefantes hizo reír al principito:
— Habría que ponerlos unos sobre otros…
Pero señaló sabiamente:
— Antes de crecer, los baobabs comienzan siendo pequeños.
— Es verdad ! Pero por qué quieres que tus corderos coman los pequeños baobabs ?
Me respondió: “Bueno! Vamos!” como si fuera algo evidente. Y necesité un gran esfuerzo mental para comprender por mí mismo el problema.
Resulta que en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por lo tanto buenas semillas de hierbas buenas y malas semillas de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una se le antoja despertarse. Entonces se estira, y extiende tímidamente hacia el sol una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar crecer como quiera. Pero si se trata de una maleza, hay que arrancarla en seguida, en cuanto se la pudo reconocer. Ahora bien, había unas semillas terribles en el planeta del principito… eran las semillas de baobab. El suelo del planeta estaba plagado de ellas. Y de un baobab, si uno se deja estar, no es posible desembarazarse nunca más. Obstruye todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño, y si los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.
“Es cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil.”

Y un día me aconsejó esforzarme en lograr un buen dibujo, para meter bien esto en la cabeza de los niños de mi tierra. “Si algún día viajan, me decía, esto les puede servir. A veces no hay problema en dejar el trabajo para después. Pero en caso de tratarse de baobabs, es siempre catastrófico. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Había ignorado tres arbustos…”
Y con las indicaciones del principito, dibujé el planeta en cuestión. No me gusta adoptar un tono moralista. Pero el peligro de los baobabs es tan poco conocido, y los riesgos a correr por quien se pudiera perder en un asteroide tan considerables, que por una vez hago excepción a mi reserva. Digo: “Niños! Tengan cuidado con los baobabs !” Es para advertir a mis amigos sobre este peligro cercano, desconocido para ellos tanto como para mí, que trabajé tanto en este dibujo. La lección brindada bien valía la pena. Ustedes se preguntarán quizá: Por qué no hay en este libro otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs ? La respuesta es muy simple: lo intenté pero no lo pude lograr. Cuando dibujé los baobabs estuve animado por un sentimiento de urgencia.
Como bonus al tema les dejo ésta hermosa canción de Regina Spektor. Disculpen si se sienten invadidos por una bocanada de mi infancia, pero… ¡Es que amo los baobabs!
You have tamed me
Now you must take me
How am I supposed to be
I don’t have my thorns now
I feel them sprouting
They’ll grow right though if I don’t watch it
They’ll grow right through even if I watch it
And a sunset couldn’t save me now
These baobabs and baobabs and baobabs some more
But you can’t outwait fate
And you have tamed me
Now you must take me…
taa-tt-ttaa-ttt-taa-tt-taake
And I wouldn’t raise my child inside this city anyway
They grow up too savvy and they grow up too fast
And they know about buying shit and they know about sex
And they know about investment banking and also about brokerage firms
And they know about the numbers and they know about the words
And they know about the bottom line and also about stones
And they know about careers and about the real deals
And they all grow up and become people’s people with people skills
But you have tamed me
Now you must take me
How am I supposed to be
I don’t have my thorns now
But you have tamed me
Now you must take me
How am I supposed to be
I don’t have my thorns